La persona adicta no recuperada tiene un panorama atroz. El destino de un adicto “en activo” es poco halagüeño: calle, psiquiátrico, cárcel o muerte prematura es el horizonte de quien no se recupera de la dependencia de sustancias o de conductas como el juego.
La adicción es una enfermedad de salud mental que es crónica, degenerativa y mortal. La persona adicta lo será el resto de su vida. Precisamente, quien mayor conciencia tiene de esto es un paciente bien recuperado. Sabe que su dolencia es crónica y que no debe consumir ni jugar el resto de su vida.
Es degenerativa porque, si no se pone remedio, la situación siempre va a peor. Y es mortal porque la muerte es el final lógico de una enfermedad grave que daña irreversiblemente el organismo y el cerebro.
Sin embargo, las familias de las personas con problemas de adicción deben saber que esta es una enfermedad que tiene tratamiento.
La enfermedad del autoengaño
A la persona adicta le está negado algo tan básico como reconocer el problema y pedir ayuda para encontrar una solución. No olvidemos que la adicción es la enfermedad del autoengaño. Junto con el deseo de consumir y jugar, los síntomas principales de esta enfermedad son la negación, la justificación y la minimización.
Son las familias las que deben pedir ayuda e informarse para poner límites a su familiar adicto y obligarle a iniciar el tratamiento.
Toda persona adicta, antes o después, llega a la disyuntiva de o ponerse bien con ayuda —nadie puede rehabilitarse solo— seguir consumiendo o jugando, con las terribles consecuencias que eso implica.
Si los familiares consiguen que su ser querido adicto acceda a ir a un centro como DESPIERTA a una sesión informativa, es un importantísimo avance.
Allí escuchará, de manos de los terapeutas, que lo que tiene es una enfermedad, que no es culpable de haber desarrollado adicción y que está en su mano ponerse bien realizando tratamiento y acudiendo a terapias.
Tratamiento en cuatro fases
El 92 % de los pacientes de DESPIERTA se rehabilita gracias a la intervención médica, las consultas individuales psiquiátricas y psicológicas y, sobre todo, a las terapias de grupo.
Lo más importante es dar el primer paso: conseguir que el paciente llegue al centro y comience el tratamiento.
Este consta de cuatro fases principales:
Desintoxicación
Realizada bajo vigilancia médica.
Deshabituación
Se incorporan hábitos saludables y se eliminan las costumbres asociadas al consumo.
Rehabilitación
La persona consolida cambios profundos en su forma de pensar, sentir y actuar, desarrollando herramientas emocionales y sociales para sostener la recuperación a largo plazo.
Reinserción
El paciente se reincorpora en plenas facultades a la vida familiar, social y laboral.
